1.7.09

Domingo en el museo Sorolla


Pese, o tal vez porque, está sólo a cinco minutos de mi casa andando, hasta el domingo pasado no me había decidido a ir al Museo Sorolla.

El museo está en el paseo del General Martínez Campos, una avenida sombreada, llena de árboles frondosos que resultaría muy agradable si los coches que circulan por ella no intentaran desesperadamente batir récords de velocidad.

El museo fue antes la residencia de la familia de Sorolla: un gran edificio de ladrillo en el que el pintor vivió desde 1911 hasta su muerte, en 1923.

Ante la casa, un patio andaluz, libremente inspirado en los de la Alhambra. Avanzando un poco más, encontramos a la izquierda una fuente con figuras mitológicas. Junto a ella, la entrada a otro patio, éste interior, conocido como “cordobés”. Junto a él, la galería donde Sorolla guardaba sus dibujos.

Más allá, grandes habitaciones, de altos techos de madera. Haciendo esquina, el estudio del pintor, con amplios ventanales encargados especialmente por el pintor para que la luz penetrara desde todos los ángulos posibles. Siguiendo a la izquierda, la zona residencial, elegante y fresca, gracias a las paredes azulejadas y a los suelos de mármol blanco. Se conservan muchos muebles y objetos decorativos originales, como una virgen de madera de escuela alemana. De los techos cuelgan lámparas de cristal verde adquiridas en Tiffany’s de Nueva York, tal vez obtenidas a cambio del retrato que hizo a Louis Comfort, heredero de la famosa joyería. Más al fondo, el antecomedor, una estancia con un alto zócalo de baldosas encargadas especialmente a una fábrica de cerámica de Talavera.

De los muros de la casa cuelgan, claro está, cientos de obras del prolífico Sorolla. Retratos de de novelistas de éxito, innumerables vistas de jardines (de esa casa y de otras) y unos cuantas de sus inconfundibles imágenes playeras. También son muchos los retratos de su esposa e hijos distribuidos por las diferentes estancias. Incluso alguno de los autorretratos de Sorolla está ostensiblemente dedicado a Clotilde, la mujer con la que estuvo casado desde los veinticinco años hasta su muerte.

En un guión que comencé a escribir hace tiempo y posiblemente no termine, un personaje llegaba a un piso alquilado y encontraba en una estantería un libro abandonado, tal vez por un antiguo inquilino. Se titulaba: “El libro de los artistas felices”. Cuando el tipo lo abría para curiosear quiénes figuraban en su interior, descubría que todas las hojas estaban en blanco.

Una visita al museo me permitió aventurar que tal vez Sorolla merecería un espacio en ese libro imaginario. Seguramente hubo dramas en su vida. Tal vez sufrió la agonía del artista, tal vez luchó por ser más y tal vez sufrió por no conseguirlo. Pero no había en el museo nada que lo sugiriera. Sólo una referencia en esta bonita columna de Vicent nos muestra un pequeño secreto en el hogar de los Sorolla: “Para obtener un dinero no contable con que satisfacer ciertos placeres secretos, Sorolla pintaba alguna tablilla mientras Clotilde estaba en la cocina preparando el puchero de mediodía o el hervido para la cena. Tenía que ser rápido, imaginativo y dejarse llevar por la inspiración instantánea. Llenaba la tablilla con trazos magistrales y la entregaba a un amigo cómplice para que la sacara camuflada del estudio y la vendiera bajo mano. Con ese dinero el artista, tal vez, pagaba algunos favores femeninos. De ahí que esas pequeñas tablas clandestinas contengan toda la libertad, la dicha de vivir y la pasión por unos amores prohibidos que Sorolla soñaba. Por eso son tan limpias, tan puras.”

Dejando aparte estas posibles pequeñas travesuras, la visita al museo, me dejó la impresión de haber visto el hogar de un artista prolífico y de éxito. Un hombre bien establecido, feliz, que amaba a su mujer y sus hijos, y estaba satisfecho con lo que había conseguido. Nada indica que fuera adicto a las drogas o al alcohol, tampoco hay señales de enfermedades mentales, maltratos o traumas. Ni rastro de malsanas relaciones familiares, enfermizas pasiones sexuales o incestos encubiertos.

No es la imagen que la ficción nos ha trasladado del artista. No había tormento. Había patios andaluces y lámparas de Tiffany’s. Picasso, un artista alejado como pocos de Sorolla, dijo a preguntas de un periodista que él no buscaba, él encontraba. No parece una frase excesivamente sincera. Si hay algo que define la obra de Picasso es más la búsqueda, la agonía, la ambición por superar barreras y perdurar. En cambio, uno sí podría decir que Sorolla encontró. Encontró su lugar, en la vida y en el arte, y decidió quedarse ahí. Supo quién era y cuál era su talento. Logró que el mundo lo admirara durante su vida y después. Lograr un estilo propio, inconfundible y vivir muy bien gracias a él, ¿hay algo preferible?

Volviendo hacia casa, un mediodía caluroso, justo a tiempo para ver en la terraza el último partido de España en la Copa Confederaciones, pensaba en la mala literatura que nos ha hecho creer que uno sólo puede ser un gran artista si siente necesidad de arrancarse una oreja, acostarse con su madre, inyectarse morfina o hacer estas tres cosas simultáneamente. Menos mal que, a sólo cinco minutos de donde vivo, está el antídoto contra esos tópicos: ahí, en el Paseo de Martínez Campos, casi tapada por los árboles frondosos, se encuentra la casa del Artista Feliz.

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27.6.09

Sobre el eterno asunto del cine español...

un estupendo artículo de Antonio Muñoz Molina en El País de hoy. 

Creo que puede verse como una respuesta elegante a este otro, a mi entender algo menos estupendo, de Borja Hermoso, el jefe de cultura del mismo periódico.

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17.6.09

No os fiéis de mí

Una vez abandonada la vicepresidencia de mi comunidad de vecinos, donde nos ha tocado librar batalla contra las temibles termitas que corroen el edificio, me he metido en otro lío. 
Desde esta tarde, unos cuantos tipos y yo lidiaremos con otra clase de insectos: los guionistas. 
Después de la reunión de hoy, formo parte, junto a una docena de compañeros más prestigiosos y fiables que yo, de la junta de administración de DAMA. 
Soy tan iluso que incluso he sentido cierto orgullo al escribir la frase anterior.
Parece que este post tuvo algo que ver con que me propusieran como candidato. 
La parte mala: no sé si tendré tiempo para hacer bien este trabajo. 
La buena: creo que desde ahí adentro voy a poder enterarme bien sobre este complicado mundo de los derechos de autor y, una vez enterado, tal vez incluso sea capaz de hacer algo por el bien de mis compañeros insectos, ejem, guionistas. 
Este mini post no es sólo para presumir de que a partir de ahora estaré haciéndome Nespressos con Campoy. 
Bueno, ok, sobre todo es para eso. 
Pero también para pediros que me disculpéis si, en algún momento, dejo de ser objetivo al hablar sobre entidades de gestión. 
Intentaré evitarlo pero... ahora ya sabéis en qué equipo juego. 
Por cierto, se llama Alcoyano.

P.D.: Sigo pidiendo que, quien pueda, comparta sus datos de derechos de autor aquí, para que lleguemos a una comparación más exacta sobre ingresos entre ambas entidades de gestión. La que hice en ese post era evidente (y conscientemente) incompleta.

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1.6.09

Gozar sin poseer (I)

Viene post visionario.

Tengo cinco folios de introducción y un pronóstico arriesgado. Voy a tratar de resumir los cinco folios por vuestro bien. No sé si podré condensarlo todo en cinco frases, pero lo intentaré. No, las cinco que ya llevo no cuentan.

- El consumo particular de cine o música grabados ha venido ligado a la posesión de un soporte físico: cinta vhs, cassette, DVD, CD…

- Desde la aparición de aparatos que permitían hacer copias de los originales, esta práctica ha sido permitida por la ley si no existía ánimo de lucro: se trataba de la “copia privada”.

- Desde la revolución digital, las “copias privadas” de los originales son de tan buena calidad que son prácticamente imposible distinguir las unas de los otros.

- Como consecuencia de la misma revolución digital (y de la invención de formatos de compresión) el objeto físico en el que se grababa la música o el vídeo dejó de ser imprescindible: estos contenidos pasaron a ser archivos que podían almacenarse en todo tipo de soportes de memoria y también distribuirse por Internet.

- La generalización de las conexiones rápidas a Internet ha permitido que los usuarios tengan acceso a redes de intercambio de archivos desde las que se podían descargar gratuitamente las "copias privadas" colgadas por otros usuarios sin ánimo de lucro, con el consiguiente enriquecimiento de las operadoras de Internet y de las empresas fabricantes de soportes de memoria, y el empobrecimiento de las que vivían de vender lo que ahora puede descargarse sin apenas pérdida de calidad, gratuita y legalmente.

Bien. Lo he logrado.

Os he ahorrado cinco folios de introducción. Han sido cinco frases, largas, pero cinco frases en fin.

Para deciros lo que… ya sabíais.

Hasta ahora no he arriesgado nada. Sólo he resumido hechos. A partir de ahora, me meto en un terreno mucho más pantanoso: el pronóstico.

Creo que las cosas van a cambiar. Los autores y productores volverán a cobrar pasta por lo que han hecho. Creo que las descargas se van a reducir espectacularmente. No estoy hablando de cánones o de modificaciones legales.

Copiando la frase de Jon Landau sobre Springsteen: he visto el futuro de Internet, de la música y del cine y se llama Spotify.

Os recomiendo bajar desde el enlace de arriba este programa gratuito y darle una oportunidad. Pronto seguiré escribiendo sobre él y sobre por qué creo que Spotify, o algo muy parecido, va a cambiarlo todo.

Probadlo y hablamos.

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12.5.09

Otro post sobre pasta


Las cosas claras. 
En España, los guionistas y directores de televisión y cine pueden cobrar sus derechos de autor mediante una de estas dos entidades de gestión: S.G.A.E. o D.A.M.A.
La primera lleva mucho tiempo en ello. DAMA surgió hace diez años, formada por gente de la televisión y el cine que creía poder dar un trato más favorable y transparente a sus socios. 
Después de mucho tiempo de litigios parece que ambas entidades trabajan independientemente y con cierta normalidad. 
Entre mis amigos hay socios de ambas (yo soy de DAMA) y cada uno de ellos tiene una razón diferente para estar donde está. 
Algunos se decidieron por la seguridad y las ventajas de la SGAE: como su célebre crédito sin intereses, descuentos en productos y servicios, cursillos, etc...
Otros, en cambio, prefirieron pasarse a una pequeña entidad como DAMA, en la que se sienten mejor tratados y con cuya gestión sobria y clara están más de acuerdo. 
He escuchado estos argumentos muchas veces. Y también otros mucho más viscerales (de socios de ambas partes). 
Lo que nunca he escuchado es una comparación objetiva de lo que ingresan los guionistas de una misma serie de televisión por el mismo trabajo, según lo hayan incorporado al repertorio de SGAE o de DAMA. 
Sí, lo adivináis. Es justo eso lo que voy a hacer. 
Armado de un boli y una calculadora y gracias a la colaboración de un compañero de una serie en la que trabajé, socio de la SGAE, he estado haciendo números. 
Tomo un mismo episodio de una serie diaria emitida en televisión nacional durante horario de tarde.
Mi compañero percibió, por un 3,64% de la parte argumental, 40,72 €. 
Yo recibí de DAMA casi la misma cantidad, 36,83 €, pero por un porcentaje del argumento bastante más pequeño: un 2,41%. 
Es decir, mi compañero hubiera podido ganar un 36,56% más (14,89€ en ese caso) si hubiera declarado esa obra en DAMA. 
He seguido comparando los datos de otros episodios de la misma serie emitidos en la misma franja horaria (tarde) y los porcentajes y cantidades (y, por lo tanto, las diferencias entre ambas entidades de gestión) son prácticamente iguales a los del primer episodio comparado. 
Sin embargo, la diferencia más espectacular se da en el caso de un episodio de la misma serie que, en lugar de ser emitido en la franja habitual de tarde, se programó por la noche, en prime-time. 
La SGAE adjudicó a mi compañero de serie 222,63€ por su 8,50% de participación en el episodio en cuestión. 
A mí, que seguía anclado en mi escaso 2,41% del guión, DAMA  me dio 148,11€. 
Como se ve a simple vista, para un porcentaje del guión muy inferior, esta cantidad resulta sorprendentemente cercana a la cobrada por el compañero de SGAE. 
Tomo la calculadora y descubro que mi compañero hubiera cobrado 299,70€ más por ese episodio si, en lugar de estar en SGAE, hubiera sido socio de DAMA. Es decir, la cantidad cobrada hubiera aumentado en un 134,61%. 
(*Tengo que poner un gran asterisco a estos datos, una salvedad: todas estas cantidades son antes de las deducciones que cada entidad aplica a sus socios: gastos de gestión y otros conceptos. Yo dispongo de las deducciones que aplica DAMA, pero la información de SGAE que me proporcionó mi amigo no fue tan completa, así que he comparado las únicas cantidades comparables de que disponía, es decir, las brutas recaudadas. Por favor, si alguien tiene los porcentajes de deducción de SGAE que me los haga llegar para que actualice y mejore esta entrada).
Hecha esta salvedad, como veis, en los casos que he estado estudiando, la diferencia siempre es a favor de DAMA. Aunque yo tengo todo mi repertorio en ella, si los datos hubieran sido favorables a SGAE también hubiera publicado este post (y, muy posiblemente, me hubiera pensado mucho un cambio de aires). 
No animo a nadie a pasarse a una entidad o a permanecer en otra,  eso depende de muchos otros factores (entre otros, un contrato de larga duración que uno firma con su entidad de gestión, ventajas como el crédito citado más arriba, trato personal, ventajas de todo tipo, comodidad...) pero creo que comparar la cantidad recaudada y repartida por cada entidad también puede serviros para haceros vuestra propia opinión y tal vez incluso para tomar una decisión.

- Posiblemente muchos de vosotros hayáis hecho ya vuestra propia comparación entre SGAE y DAMA. Si es así, por favor, escribid los datos que habéis obtenido en la sección de comentarios de este post para que tengamos más base para nuestras conclusiones - 

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11.5.09

Dos buenos artículos...

...de dos grandes periodistas sobre el futuro de la prensa en la era de Internet, este domingo en El País. Os puede parecer que no tienen nada que ver con el cine o la televisión. Y tal vez tengáis razón, pero yo voy a seguir escribiendo esto. Y vosotros, leyéndolo. Me juego algo.
En su estupendo artículo, John Carlin se hace, con su habitual clarividencia, la pregunta básica: ¿cómo hacer dinero con esto de la prensa en Internet (si el tipo de al lado ofrece, gratis, lo mismo que tú)? - El paréntesis es mío- Esta pregunta es la misma que se están haciendo prácticamente todos los artistas y empresarios relacionados con la cultura, el arte o, como se dice de manera más general ahora, con los "contenidos" que se pueden difundir por Internet.
Por su parte, aquí Soledad Gallego-Díaz se preocupa por la (mala) influencia que podría tener la desaparición del Cuarto Poder sobre la política. Cita un libro de Paul Starr cuyo título resume perfectamente sus temores "Adiós a la era de los periódicos (Hola, a una nueva era de corrupción)"
Permitidme que os deje con el primer párrafo del texto de Carlin:
"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación". Así arranca la novela "Historia de dos ciudades", de Charles Dickens, el periodista más famoso de todos los tiempos. La trama del libro, escrito en 1859, se desarrolla durante la Revolución Francesa. Dickens, que trabajó en media docena de periódicos, podría haber escrito las mismas palabras hoy sobre la revolución de Internet." 

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28.4.09

Aún más


Mejor verlo aquí, en lo que llaman HD.

Gracias a Víctor (director festival), Jonás (cámara), Fernando y Laura (figuración y difusas labores de producción).

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